Me da escalofríos: de verdad, me había vuelto a olvidar de la existencia de este blog y hoy, de repente, me acordé. Y no sé cómo me pasó lo mismo con la dirección, el mail, la clave. Y pude entrar. Veo la fecha de la última entrada y es de hace dos años atrás, casi justo. La podría haber escrito hoy casi entera. Coincidencias y viajes en el tiempo, te quiero Levrero.
Estoy como en un trance de pasado. En un par de meses me voy del país a hacer una maestría. En mi trabajo, hace meses la paso mal porque dos psiquiátricas asumieron la dirección. Todo se embraveció hace poco, y desde entonces tengo pesadillas que sé que tienen una verdad muy densa y rotunda sobre mi vida. Ayer soñé con papá. Soñé con el papá que una vez tuve, y que hoy es otro. Me había olvidado de ese papá.
Ahora que me rodea la maternidad de muchas amigas y compañeras de trabajo, siento que empiezo a completar el rompecabezas de mi historia desde el otro lado. Cómo habrá sido ser niña, y cómo habrá sido ser la hija de dos padres con enfermedades psiquiátricas. Recién con el sueño de ayer creo que al fin entendí algo, como si me hubiera podido dar cuenta de algo, obvio, que me parece completamente revelador. En mi sueño papá tenía un brote. Estábamos en su casa, la que fue de mi abuela y en donde vive hoy, y de repente empezaba a decir cosas que me costaba entender. Se exaltaba. Sus ojos se ponían rojos. Una furia incontrolable, desmesurada, incomprensible marcaba cada uno de sus movimientos. Yo tenia un miedo paralizante.
Cuando me desperté estaba muy angustiada. Agarré el celular y al rato leí una nota a la hija de Etchecolatz. Hablaba del monstruo que es su padre y me largué a llorar desconsolada.
A la tarde fui a mi médico clínico. No iba desde 2011. Le conté de la maestría y le pedí que me firmara un formulario médico para la visa. Siempre fue parco. Le pregunté si se acordaba de mí y me dijo que sí, y de mis 3 hermanas y madre también. "¿Cómo está ella?". Le mentí, como hago siempre que me preguntan. Bien. Me contó que ella lo había buscado para pedirle ayuda hace poco y que él la había contactado con alguien. Insistió: "¿cómo está?" Volví a mentir: "está mejor, pero bien no va a estar nunca". Sonrisa incómoda.
Hace mucho no sentía culpa y creo que él no me juzgó, pero me vi de afuera un rato y me dolió estar salvándome, estar yéndome a hacer mi vida, y que ella se quede acá. Loca.
viernes, 12 de mayo de 2017
jueves, 14 de mayo de 2015
Me había olvidado que tenía un blog. Qué bueno que me acordé.
Me costó recordar la dirección. Lo logré. Qué bien leer todo esto. Entenderme. Ver el germen de cosas por venir, ver el fin de otras, entender que lo importante quizás no era lo que estaba en primer plano, lo que pasaba por detrás hoy quizás tiene un lugar importante y, ponele, el pibito fue.
Me enteré, porque la vi a mamá, que mi abuela también usó el suicidio como arma de manipulación. Se hereda, se ve. El significante muerte que me recorre, con pasión. El cansancio porque la pelea fue siempre, desde que nací, poder tener ganas de vivir.
Papá me contó que mamá tuvo depresión postparto. Qué él venía a ver cómo estaba yo de bebé, se escapaba de la oficina, y venía a verme. Y siempre, a pesar de su violencia, sentí su incondicionalidad. Mi aliado desde la cuna. Y siempre, también, debo haber sentido el desgarro del rechazo de mamá. Su desamor.
Y heredé su ansiedad y su angustia y su tendencia a victimizarse. Pero lo estoy trabajando.
Me enteré, porque la vi a mamá, que mi abuela también usó el suicidio como arma de manipulación. Se hereda, se ve. El significante muerte que me recorre, con pasión. El cansancio porque la pelea fue siempre, desde que nací, poder tener ganas de vivir.
Papá me contó que mamá tuvo depresión postparto. Qué él venía a ver cómo estaba yo de bebé, se escapaba de la oficina, y venía a verme. Y siempre, a pesar de su violencia, sentí su incondicionalidad. Mi aliado desde la cuna. Y siempre, también, debo haber sentido el desgarro del rechazo de mamá. Su desamor.
Y heredé su ansiedad y su angustia y su tendencia a victimizarse. Pero lo estoy trabajando.
viernes, 25 de abril de 2014
Ahora pienso que lo de ayer era mentira
viniste medio en pedo de misa
y dijiste que la hostia se parece mucho al pan.
Mi papá una vez, en pleno éxtasis religioso, me pidió que rezara un Ave María
para salvar su alma y la de mi abuela.
Yo no creía en Dios ni en la Virgen
pero creía en su dolor
y recé.
Recé fuerte y mucho aquel día, recé casi con convicción.
Hoy pienso que no existe el destino ni la salvación
Pero veo los ojos de papá, verdes, acuosos y perdidos
y lamento no haber podido creer nunca en el perdón.
lunes, 14 de octubre de 2013
el problema es salir de la anestesia
Quizás no sea casual (con este frenesí, con este empacho de lectura de Levrero, descarto la posibilidad misma de que exista la causalidad) que en el segundo en que se abre la ventana para escribir un nuevo post me llegue un mail, que leo en el celular, de una alumna del taller literario que doy, un mail incomprensible, que no puedo asociar a nada, y que pareciera estar firmado, o dedicado, a un "Charly"; Charly: sobrenombre que le pusimos irónicamente a papá de chicas, ese señor violento y tan formal al que le duele tanto vivir y que siento que jamás podría retratar mejor que lo hace Levrero respecto de sí mismo en La novela luminosa.
Quizás debería entonces pasar a hablar de eso, de este duelo que parece que estoy haciendo y, evidentemente sí, porque apenas empiezo esta oración me largo a llorar. Entonces no voy a hablar de mi ex (al que me debato si llamar o no llamar, al que ayer, mientras me bañaba e intentaba imaginarme una familia feliz, en la que yo ocupara un rol adulto, y me imaginé a mis hijos y les dije "vayan a buscar a papá" y se me vino su cara, la cara de mi ex, sonriente, y supe que todavía me une una intensidad que no pude desintegrar, por dentro). Y ahora que escribo esto pienso que tampoco es casual, que lo vi como el padre, y que acá hablo del padre, mientras escucho la nueva canción de Fiona Apple que termina y entiendo: tampoco es causal. Podré tener 16 años para siempre cada vez que escuche a Fiona y recuerde ese día que faltó un profesor y todo el curso se puso en ronda, a hablar y reír, y yo angustiada recuerdo me quedé fuera del círculo, con mi walkman, escuchando a Fiona frustrada por no poder dejar de lado un rato el dolor y unirme al grupo.
Y ahora entiendo, ahora que mi nueva psicóloga habla de "mecanismos" y habla de su funcionamiento, y de cómo lo que te salva se convierte en tu prisión, y leo a Levrero y veo la misma comprensión:
"Y estas adicciones que me perturban actualmente no son otra cosa que adicciones al estado de trance; un medio de abreviar el tiempo, de que el tiempo pase sin que yo sienta dolor. Pero así también es cómo se me va la vida, cómo mi tiempo de vida se transforma en tiempo de nada, un tiempo cero".
Hace como un mes que no veo a papá, pero creo que van dos desde que dejé de hacer religiosamente mi visita semanal. Al principio, no me daba cuenta. Un día, en terapia, dije en voz alta que me estaba costando ver a papá. Solo cuando lo dije tomé consciencia de que eso me estaba pasando.
Siempre fui melodramática y jamás, pero jamás, desperdicié ocasión de exhibir mi dolor ante la cara de quien sea que se me cruzase en el camino. Recién con los intentos de suicidio de madre y hermana menor hace dos años eso cambió. Pensé que se trataba de una estrategia de supervivencia, que sin lugar en donde vivir, sin trabajo, no tenía el lujo de mostrarme destrozada. Ahora me doy cuenta de que, en realidad, estoy anestesiada, que eso que pasó hace dos años me hizo cambiar para siempre y hoy el dolor no se siente (noto mientras tipeo que uso un impersonal, no "se siente", en vez de "no lo siento". Bueno.) Y que solo me acompaña el dolor del duelo de mi ex, que pareciera que no termino de hacer, y el dolor de estar sola y tener tantos anhelos de estar enamorada.
El otro día soñé que estaba con mis compañeros de la secundaria en una suerte de fiesta. Estaba papá, que me preguntaba cuándo habíamos estado de novios. Yo me paralizaba de espanto, no podía creer que todos estaban escuchando esa aberración incestuosa y, también, me daba lástima que él se hubiera creído ese noviazgo falso, que solo existió para hacerlo sentir mejor.
Dos semanas después, papá me llamó. No esuché el celular y ví que tenía un mensaje de voz. Era él, que cantaba un bolero, algo que decía te extraño.
Es curioso como, si yo leyera esto, si no fuera yo, todo me parecería evidente y simple, pero de adentro es tan difícil de ver y de desenredar. Mi hermana me dice que no entiende cómo durante estos 28 años de vida le he dado tanta importancia a la palabra de papá, que siempre fue como un gran sabio para mí. Papá: el que me fajaba de nena, el que no podía salir de casa sin mí hace unos años. Me dejó perpleja.
Quizás debería entonces pasar a hablar de eso, de este duelo que parece que estoy haciendo y, evidentemente sí, porque apenas empiezo esta oración me largo a llorar. Entonces no voy a hablar de mi ex (al que me debato si llamar o no llamar, al que ayer, mientras me bañaba e intentaba imaginarme una familia feliz, en la que yo ocupara un rol adulto, y me imaginé a mis hijos y les dije "vayan a buscar a papá" y se me vino su cara, la cara de mi ex, sonriente, y supe que todavía me une una intensidad que no pude desintegrar, por dentro). Y ahora que escribo esto pienso que tampoco es casual, que lo vi como el padre, y que acá hablo del padre, mientras escucho la nueva canción de Fiona Apple que termina y entiendo: tampoco es causal. Podré tener 16 años para siempre cada vez que escuche a Fiona y recuerde ese día que faltó un profesor y todo el curso se puso en ronda, a hablar y reír, y yo angustiada recuerdo me quedé fuera del círculo, con mi walkman, escuchando a Fiona frustrada por no poder dejar de lado un rato el dolor y unirme al grupo.
Y ahora entiendo, ahora que mi nueva psicóloga habla de "mecanismos" y habla de su funcionamiento, y de cómo lo que te salva se convierte en tu prisión, y leo a Levrero y veo la misma comprensión:
"Y estas adicciones que me perturban actualmente no son otra cosa que adicciones al estado de trance; un medio de abreviar el tiempo, de que el tiempo pase sin que yo sienta dolor. Pero así también es cómo se me va la vida, cómo mi tiempo de vida se transforma en tiempo de nada, un tiempo cero".
Hace como un mes que no veo a papá, pero creo que van dos desde que dejé de hacer religiosamente mi visita semanal. Al principio, no me daba cuenta. Un día, en terapia, dije en voz alta que me estaba costando ver a papá. Solo cuando lo dije tomé consciencia de que eso me estaba pasando.
Siempre fui melodramática y jamás, pero jamás, desperdicié ocasión de exhibir mi dolor ante la cara de quien sea que se me cruzase en el camino. Recién con los intentos de suicidio de madre y hermana menor hace dos años eso cambió. Pensé que se trataba de una estrategia de supervivencia, que sin lugar en donde vivir, sin trabajo, no tenía el lujo de mostrarme destrozada. Ahora me doy cuenta de que, en realidad, estoy anestesiada, que eso que pasó hace dos años me hizo cambiar para siempre y hoy el dolor no se siente (noto mientras tipeo que uso un impersonal, no "se siente", en vez de "no lo siento". Bueno.) Y que solo me acompaña el dolor del duelo de mi ex, que pareciera que no termino de hacer, y el dolor de estar sola y tener tantos anhelos de estar enamorada.
El otro día soñé que estaba con mis compañeros de la secundaria en una suerte de fiesta. Estaba papá, que me preguntaba cuándo habíamos estado de novios. Yo me paralizaba de espanto, no podía creer que todos estaban escuchando esa aberración incestuosa y, también, me daba lástima que él se hubiera creído ese noviazgo falso, que solo existió para hacerlo sentir mejor.
Dos semanas después, papá me llamó. No esuché el celular y ví que tenía un mensaje de voz. Era él, que cantaba un bolero, algo que decía te extraño.
Es curioso como, si yo leyera esto, si no fuera yo, todo me parecería evidente y simple, pero de adentro es tan difícil de ver y de desenredar. Mi hermana me dice que no entiende cómo durante estos 28 años de vida le he dado tanta importancia a la palabra de papá, que siempre fue como un gran sabio para mí. Papá: el que me fajaba de nena, el que no podía salir de casa sin mí hace unos años. Me dejó perpleja.
sábado, 12 de octubre de 2013
tan perdida como siempre en un mundo bastante habitual
Si tuviera que elegir 3 cosas para agradecer el día de hoy, diría:
- Sofi
- los momentos de calma en los que puedo leer
- haber sobrevivido la infancia y la adolescencia
Me desperté a las 16 hs y 6 hs después, sigo dando vueltas. Mi propósito: terminar hoy una ponencia. El estado de la cuestión: no abrí Word en todo el día.
Fue una semana signada por un dicho letal de mi nueva psicóloga. El problema verdadero sería entonces no Edipo y papá, sino que me estoy conviertiendo en mamá. La encrucijada imposible: si sigo así de insatisfecha tengo que asumirme ella, lo que sería el horror de horror considerando que mi progenitora es un súcubo de infelicidad perpetua e inmovilidad. Una cachetada imposible de ignorar.
Elijo la felicidad, aunque sea artificial.
- Sofi
- los momentos de calma en los que puedo leer
- haber sobrevivido la infancia y la adolescencia
Me desperté a las 16 hs y 6 hs después, sigo dando vueltas. Mi propósito: terminar hoy una ponencia. El estado de la cuestión: no abrí Word en todo el día.
Fue una semana signada por un dicho letal de mi nueva psicóloga. El problema verdadero sería entonces no Edipo y papá, sino que me estoy conviertiendo en mamá. La encrucijada imposible: si sigo así de insatisfecha tengo que asumirme ella, lo que sería el horror de horror considerando que mi progenitora es un súcubo de infelicidad perpetua e inmovilidad. Una cachetada imposible de ignorar.
Elijo la felicidad, aunque sea artificial.
viernes, 20 de septiembre de 2013
mejor mejor mejor
Mejor.
Vino Lalita y me cocinó y hablamos y sí, P. tiene razón: "tu problema es un demasiado inflado super yo, estás demasiado pendiente de vos misma".
Un yo disociado y cuando estoy mal me siento en la secundaria todavía, todavía perpleja. Pero tengo casi treinta, treinta, qué raro que suena. Una adolescente empedernida, aburrida, negligente, egocéntrica. Pero algo de mí me fascina y no sé qué es pero una percepción distinta, una aceptación y resignación distinta me parecería estar muerta en vida.
No sé, ya no soy la que era. Miento. O no lo creo. Pero no estoy sola y, por lo general, he aceptado la vida.
Quizás deba dejar el Diario de Pizarnik para otro momento. No sé.
¿O será que la higiene laboral funciona?
Dormí una siesta en la que tuve un sueño erótico placentero con un ex compañero de laburo que aborrezco, que me da rechazo y jamás le encontré algo seductor. También eso me dejó perpleja.
Vino Lalita y me cocinó y hablamos y sí, P. tiene razón: "tu problema es un demasiado inflado super yo, estás demasiado pendiente de vos misma".
Un yo disociado y cuando estoy mal me siento en la secundaria todavía, todavía perpleja. Pero tengo casi treinta, treinta, qué raro que suena. Una adolescente empedernida, aburrida, negligente, egocéntrica. Pero algo de mí me fascina y no sé qué es pero una percepción distinta, una aceptación y resignación distinta me parecería estar muerta en vida.
No sé, ya no soy la que era. Miento. O no lo creo. Pero no estoy sola y, por lo general, he aceptado la vida.
Quizás deba dejar el Diario de Pizarnik para otro momento. No sé.
¿O será que la higiene laboral funciona?
Dormí una siesta en la que tuve un sueño erótico placentero con un ex compañero de laburo que aborrezco, que me da rechazo y jamás le encontré algo seductor. También eso me dejó perpleja.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Olor a ennui y chivo
Tengo olor
a depresión, a chivo. Recién, cuando fui al baño, me limpié, me paré y me subí
el short. No tengo bombacha porque engordé tanto que me aprietan todas,
entonces dejé de usar. Corrió una gota de pis por mi pierna, me habré limpiado
mal.
Hoy no fui
a trabajar. Hace días que nada tiene sentido y que lloro inmotivadamente.
Frente a la computadora mientras hago una solicitud de gastos, en el tren
mientras voy a la oficina, en mi casa, en el baño, en mi cama. Higiene
sanitaria: hoy no fui a trabajar.
Leer a
Levrero: lo único que me da potencia. Lo único que reaviva algún entusiasmo.
Una suerte de paradoja, Levrero, su narrativa, o la que me toca, la
autorreferencial, habla de eso: de la impotencia, de la imposibilidad de
cambiar.
Ayer soñé
con mi ex. Estaba muy flaco por las drogas (lo que, creo, es real). Pero además
tenía la cara llena de pústulas espantosas. Estaba entregado a las drogas y la
muerte. Teníamos sexo pero parábamos porque yo le reprochaba que me daba cuenta
que él no me quería abrazar. Discutíamos, siempre con él todo pasó por la
retórica. Afectos contaminados por figuras del lenguaje, ¿florituras? Pero nos queríamos
de verdad, aún en su egoísmo ciego y en mi desesperación permanente. Yo quería
seguir cogiendo, en el sueño, pero él se escapaba, quería drogarse, íbamos al
baño. Tenía una suerte de círculos de polvo blanco compacto, que se desenrollaban
para formar una línea perfecta. Era MD. Me daba una, y otra que iba creciendo
como un metal o hielo que se esparce. Lo tomaba y no sentía el efecto. Le veía
la cara y entendía toda la oscuridad bajo esa resplandecencia que últimamente
emana, entregado a las fiestas y las drogas y un aparente éxtasis de felicidad.
sábado, 23 de febrero de 2013
Disforia existencial
La inminencia de una tormenta me alivia, como si tuviera sed. Realmente estoy viviendo una tragedia hormonal: como un pollo inyectado, se me atrasó y una depresión feroz se apoderó de mí. No ayuda, no, no tener trabajo, ni rutina, ni la capacidad de autoregular mis horarios y actividades y no incurrir en la desesperación, el insomnio, el aburrimiento, la desesperanza. Es curioso: apenas renuncié, tuve una entrevista y me confirmaron muy pronto un nuevo trabajo. Todo el mundo, claro, me felicita, me envidia este febrero de ocio pero de tranquilidad porque la incertidumbre laboral no debería empañarlo. Sin embargo: sufro. Soy una sufridora. Me gusta la oficina, me gusta sentirme obligada a levantarme temprano y que el trabajo me canse y me ayude a dormir. Si no voy a una oficina, estoy todo el día en la cama, perpleja.
Me deja perpleja, lo primero que me deja perpleja es, a la mañana, apenas tomo consciencia de que vivo, soy yo, estoy en este mundo, es la pregunta inevitable: ¿qué voy a hacer hoy?
¿Cómo voy a hacer para que el tiempo PASE?
Me angustia esa idea, por más planes que tenga para el día. Es como si fuera difícil que el tiempo pase.
Otra cuestión interesante es la relación con los otros. Los otros no suelen entender el insomnio. Huyo de sus invitaciones a quedarme a dormir: no entienden la angustia que me provocaría estar en SUS casas, con ellos completamente dormidos, gozándome, y yo despierta, incómoda, sin escapatoria del hecho de que NO puedo conciliar el sueño. Pero, también, es horrible como estar con los otros, que suele ser la mejor escapatoria al no-paso-del-tiempo, dejó de tener efecto. Estoy con los otros y pienso, para dentro, compulsivamente, "¿cuándo me voy a poder escapar? ¿qué digo para irme? ¿por qué me quiero ir si no tengo NADA mejor que hacer?".
Me deja perpleja, lo primero que me deja perpleja es, a la mañana, apenas tomo consciencia de que vivo, soy yo, estoy en este mundo, es la pregunta inevitable: ¿qué voy a hacer hoy?
¿Cómo voy a hacer para que el tiempo PASE?
Me angustia esa idea, por más planes que tenga para el día. Es como si fuera difícil que el tiempo pase.
Otra cuestión interesante es la relación con los otros. Los otros no suelen entender el insomnio. Huyo de sus invitaciones a quedarme a dormir: no entienden la angustia que me provocaría estar en SUS casas, con ellos completamente dormidos, gozándome, y yo despierta, incómoda, sin escapatoria del hecho de que NO puedo conciliar el sueño. Pero, también, es horrible como estar con los otros, que suele ser la mejor escapatoria al no-paso-del-tiempo, dejó de tener efecto. Estoy con los otros y pienso, para dentro, compulsivamente, "¿cuándo me voy a poder escapar? ¿qué digo para irme? ¿por qué me quiero ir si no tengo NADA mejor que hacer?".
domingo, 6 de enero de 2013
Les prometo: hace una semana me sentía bien
Después mi jefe renunció y mi trabajo se volvió intolerable. Y lo voy a extrañar, a él y la inspiración.
Y el saico me tortura y yo lo dejo, le alcanzo el cuchillo, le muestro dónde están las llagas. Llorar como una boluda porque en el mismo bar se cruzan presente y lo que imaginé posible futuro, y los dos idénticamente forros. Y llorar como una boluda porque por primera vez estoy drogada y "se abren los sentimientos" y no: yo no abro, no tengo que abrir, yo me dedico a cerrar.
Mi ex: no sé qué mierda pasa. Una mezcla de comodidad, buen sexo, aburrimiento y frustración. ¿Cómo no pude formar nada más después de él, hace 4 años ya?
Y todo lo que aparece se muestra espejismo. Y mi cabeza estalla de resaca y frustración.
Y el saico me tortura y yo lo dejo, le alcanzo el cuchillo, le muestro dónde están las llagas. Llorar como una boluda porque en el mismo bar se cruzan presente y lo que imaginé posible futuro, y los dos idénticamente forros. Y llorar como una boluda porque por primera vez estoy drogada y "se abren los sentimientos" y no: yo no abro, no tengo que abrir, yo me dedico a cerrar.
Mi ex: no sé qué mierda pasa. Una mezcla de comodidad, buen sexo, aburrimiento y frustración. ¿Cómo no pude formar nada más después de él, hace 4 años ya?
Y todo lo que aparece se muestra espejismo. Y mi cabeza estalla de resaca y frustración.
lunes, 31 de diciembre de 2012
Hace mucho que no escribo acá. Hoy que termina el año vuelvo. Tengo algunas preocupaciones en la cabeza: ¿hasta qué hora pasan los bondis hoy? ¿cómo voy a llegar a lo de L. a pasar año nuevo? ¿Qué va a pasar con mi ex, ahora que hace unos meses nos vemos para coger y charlar, pero la semana pasada me enojé cuando se fue porque me dejó caliente y, seguro, va a pensar que es un tema de sentimientos cuando no? (¿no?) ¿Le mando el mail al pibito, aunque esté de vacaciones con su nueva novia? Cada día entiendo que me gusta más y más y no entiendo cómo pasó todo este año sin pasar nada concreto con él y aún así quererlo tanto y cada vez que tengo sexo se me aparece: ¿es eso el amor? Todavía no le hice el dobladillo al vestido que pienso usar en apenas horas, me da fiaca activar. ¿Me sentiré una rehén hoy, sin auto, año nuevo, a merced de las fiestas de mierda que mi amiga tenga ganas de asistir? ¿Sería mejor quedarme sola, acá?
Tengo otro blog. Ahí no es anónima la cosa. A este lo fui dejando, no sé por qué. Pero lo quiero: es como un diario neurótico y bobalicón (buena palabra).
Dejé terapia hace un montón. Por primera vez, tengo ganas de volver pero diferente: no quiero ir a un psicoanalista, quiero una terapia cualquiera, de esas más concretas y hasta -quién te dice- no me copo con una new age. Que haya velitas en vez de palas para levantar la tierra de lo pasado. Por primera vez, tengo ganas de volver pese a que me siento bien; quiero volver para hablar de dos cosas:
1) Me di cuenta que conecto con gente que está en crisis. Ahí conecto re bien. Escucho, comparto, opino. Se genera amor o cariño. Pero en crisis, es imposible construir algo. Y me doy cuenta que finalmente tengo ganas de estar en pareja, de enamorarme, de compartir. Con gente rota, como yo, no puedo, o no se puede, o no quiero.
2) Tengo una angustia muy grande cada día, cuando me despierto. Creo que me pasa todos los fines de semana y que, ahora que no trabajé esta semana, se agudizó. Y son las fiestas, también (no es mi época del año favorita, claramente). Me cansé de ser un clisé. Su-pe-ra-lo. Por eso, no me quedo en casa sola hoy. Como lo haría mi madre, como lo haría un clisé. Más difícil es pelearlo, pelear la depresión. (pasa un tren, ¿hasta qué hora pasarán?) Todos los días, me despierto con una angustia grande. Recuerdo un libro de Asís: "polo matinal de la angustia". ¿Será eso? ¿Qué era eso bien? Todos los días, me despierto ahora que combatí el insomnio a fuerza de Melatol con angustia, como si se hubiese desplazado, como si poblara el día ahora que no puede atormentarme de noche. Y tengo que hacer algo, ver a alguien, que me reafirme quiensea que no estoy sola. Y no estoy sola. Todos los días lo compruebo. Compruebo que no estoy sola, compruebo que estoy bien. Pero me despierto y me da pánico un día levantarme y estar sola, y estar mal, y quedarme en la cama.
Ayer soñé que estaba con una de mis hermanas (no sé cuál). Ibamos a una especie de parque o zoológico. En un momento, nos tirábamos a una pileta muy grande y cristalina. Invitaba. Nadábamos. Ella creo que iba a caballito mío. Y de repente nos dábamos cuenta de que no era una pileta, era el hábitat de un oso polar. Nos daba miedo. Nadábamos rápido, para salir, y también atentas, mirando a ver si lo veíamos. Era una amenaza. De repente, recordábamos que había salido en las noticias que el oso polar había muerto por el calor (noticia real, por cierto). Entonces la amenaza que nos atormentaba no era real, esa era la revelación del sueño. Como en la vida real. Y todo lo que quedaba era una pileta azul intensa y un día soleado que disfrutar, aunque la amenaza seguía latente, aún sabiendo que no existía, aún sabiendo que no era real.
sábado, 14 de julio de 2012
¿Cómo se hace para enfrentar el desamor?
Me deprime, mucho, que hoy haya una fiesta en su casa, me deprime saber que no puedo ir, que quiero ir, que me lastima cualquiera de las dos.
¿Cómo hago para dejar de someterme a sus jueguitos?
Cada día, me parezco más a Bridgette Jones.
¿Cómo hago para dejar de someterme a sus jueguitos?
Cada día, me parezco más a Bridgette Jones.
domingo, 24 de junio de 2012
Y después de la última decepción viene otra
Que es peor. Que es cuando ya no te importa. Entonces, en una cena, está él. Y parece que no te importa. Entonces te decís "qué bueno, ya está, ya no me importa". Entonces él termina llevándote a tu casa, y hablás una hora en el auto, y es de noche y es peligroso. O eso dice. Entonces, después de mil indirectas de él, lo invitás a subir. Y sube. Y tomás un té, y él toma agua. Y te reís como antes. Y te lo querés bajar.
Pero él dice que se tiene que ir, que se va. Bajás a abrirle y te tira la boca un poco, apenas. Y vos entonces lo besás, apasionadamente. Y él, entonces, cuando pensaste que nunca se te iba a dar y se dio, te frena. En seco. Y te dice "pará, era solo un beso de despedida". Y vos te reís.
"Dale, dame otro beso", le decís, sonriendo, sin entender qué está pasando. Y te da un beso, tierno, pero muy corto. Y se aleja y te dice: "Estamos acá, en el pasillo, ¿qué creíste que iba a pasar?" Y le decís que te está haciendo sentir mal. Y te responde: "¿no es eso a lo que me dedico?"
¿No es eso a lo que me de-di-co?
Y le abrís la puerta, y empieza a cruzar el umbral. Y te retumban sus palabras en la cabeza, como aturdida. A eso, a eso se dedica.
El portazo interrumpe la última frase que pronunció: "che, Ceci..."
domingo, 10 de junio de 2012
La última decepción es liberadora y trae alegría
El pibito ya fue. Ya no me desvela, ya no me acuesto pensando en él.
Pero creo que me atrae su mejor amigo, y yo a él.
martes, 5 de junio de 2012
lunes, 4 de junio de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
Hey Stella!
La diferencia entre la obsesión por una estrella de Hollywood actual y una del pasado, lo que lo hace menos cache, si se quiere, es que la última está muerta. Hay algo mórbido en mi enamoramiento por Marlon Brando.
martes, 29 de mayo de 2012
Tanto entusiasmo y alegría de vivir la vida, que es hoy, siempre hoy
Yo creo que antes, cuando todo era una
mierda, éramos felices. Como que éramos felices en la infelicidad. Y ahora, es
todo igual. Bueno, no. Hay veces que cogés, o te reís mucho, hasta que te duele
la panza, y parece que la vida es genial. Pero eso dura… ¿cuánto? Te duchás, se
te va el olor a sexo, prendés la tele o chequeás el mail, y se te va.
domingo, 27 de mayo de 2012
Quiero de nuevo primavera
¿Cómo vivirán los otros? Ponele, esos íntimos mios que se ponen incómodos cuando nombro a mamá o menciono los intentos de suicidio. ¿Cómo piensan? ¿Cómo digieren las cosas que les hacen mal para seguir viviendo?
lunes, 21 de mayo de 2012
Celina dejó el libro. Tenía un mensaje de
texto. Sonrió antes de verlo, seguro era Fritus, borracho de nuevo. Miró el
celular y no… Era Solvieg Terrestre. “Atendeme o me suicido”. Estalló, Celina
estalló de risa y se tiró un pedo. Corriendo, salió del cuarto, buscando a
Lucía.
-
Nah,
que genialidad.
-
Sí
sí, se superó a sí misma.
-
Che,
¿ayer al final que hiciste?
-
Vino
Fer y fuimos al taller de exnovios. Venía todo muy bien hasta que de improvisto
me metió el peine ese, ¿te acordás?, mi peine de cuando era chiquita, ese rosa
con corazoncitos, se lo pedí y me lo trajo, ¡pero en el medio del taller me lo
metió en el culo!
-
¡Qué
horror!
-
No,
si me encantó. El problema fue que no me entraba bien, y Fer se frustró. Lo
sintió como… una ofensa a su hombría. Yo que sé… nunca voy a entender a los
hombres. Encima sabés que siempre le molestó que yo tuviera labios carnudos,
eréctiles…
-
Che…
y a Solvieg Terrestre ¿qué le vas a responder?
-
Ahhh
cierto… Emmm… No sé. Después veo.
-
Ahh…
-
Che,
qué día tan gris. ¿Hacemos algo?
-
Sí,
pero no se me ocurre nada.
-
No,
a mi tampoco.
-
Y
mañana es lunes, de nuevo.
-
Sí.
-
¿Y
si llamamos a la guardia? Digo… así paseamos un poco. Siempre quise viajar en
ambulancia.
-
¿Por
Solvieg Terrestre lo decís?
-
Claro,
boluda.
-
Y
sí… Si no tengo un mango, no se me ocurre nada mejor que hacer.
-
Bueno,
pero llamá vos, que a mí me da vergüenza.
-
¡Pero
qué pelotuda que sos!
-
Dale,
no seas así.
-
Bueno,
llamo. ¿Pero qué les digo?
-
La
verdad: que tu vieja se quiere matar.
-
¿Así
se los digo? ¿No suena medio chocante? ¿Medio frío?
-
Pero
qué mierda te importa cómo suene. ¡Lo importante es que manden a la ambulancia!
-
¡Pero
mirá si justo llega antes que nosotras!
-
Pero
sos pelotuda eh!!! Eso no va a pasar. ¿Sabés lo que tarda una ambulancia en
llegar?
-
Sí,
tenés razón. Che, antes de llamar, ¿te acordás cuántas calorías tiene un litro
de cerveza?
-
Creo
que 2.000.
-
Igual
ayer yo tomé la mitad, medio litro, creo. Más esa ensalada y el yogur, ponele
que serán… 1.500 calorías. La puta madre, un montón.
-
Sí,
sos una gorda hija de puta.
-
Callate
vos, pelotuda.
-
¡Vos!
¡Frígida de mierda!
-
Ninguna
frígida, no es mi culpa si mi pito no me deja acabar. Es como que se mete en el
medio de mi clítoris.
-
¡Qué
asco!
-
Asquerosa
vos.
-
Dale!
Llamá!
-
Bueno,
ahí llamo.
martes, 1 de mayo de 2012
La única salida, este fin de semana largo, de cuatro días que recién se hicieron tediosos hoy, martes, la única salida de mi departamento fue para ir a un velorio. No, en serio, tengo 27 años. Sí.
Me doy cuenta de que fue intenso, de que solo hubo besos y aún así, fue intenso. Porque extraño su respiración. No como metáfora: extraño que respiraba fuerte; un día le pregunté por qué, y me contó cómo le habían roto el tabique. Y él respira así, con ruido, y habla de una manera heterogénea, que no puedo clasificar de cheta, ni del campo, ni culta, ni ieva. Habla mezclándolas todas.
Y siento que debería contar todo lo que pasó con mi ex, del que tanto trató este blog, lo que pasó con él en diciembre, cuando nos volvimos a ver y él me declaró su amor y me escribió los mails más lindos del mundo y me salvó cuando casi me vuelvo loca, me abismo, y dormimos juntos, no, mentira, cogimos y él después se fue, y quiso que nos volviesemos a ver, pero yo preferí no hacerlo. Y leí, hace poco, que uno se da cuenta que superó a alguien recién cuando está metido en otro quilombo insuperable, y por eso, hoy no quiero hablar de mi ex, quiero hablar de él, con quien no dormimos juntos, va, mentira, sí dormimos juntos, abrazados, pero no cogimos.
Y extraño, porque hace un mes que no lo veo ni nos hablamos, extraño su respiración y su voz y las cosas que ella transportaba. Él es una mezcla, rara, y toda para afuera, exteriorizada. Él es medio alcohólico, pero ahora está mejor. Él sabe lo que es el dolor, y también como enfrentarlo con alegría. Él compartía cada segundo conmigo, y a veces me sofocaba.
Todo empezó con pequeños indicios, como aquel día que, en su campo, de viaje con varios amigos y cuasi-desconocidos en aquella época -como él-, los dos nos sentamos en el mismo sillón e improvisamos una canción que devino "Heroína". Después, mucho tiempo después, él me confesaría que en ese viaje fue cuando, también, me notó. Exactamente cuando con su amigo discutimos acerca de una teorización algo precaria que, para resumir, consistía en trasladar cierto darwinismo mal entendido a estructuras sociales. O el día que noté que tenía las manos muy parecidas a las de mi ex, y no pude dejar de mirarlo durante toda la noche. O en Tandil, cuando completamente devastado por el alcohol, quiso dormir conmigo y se impuso violentamente y me asusté. O cuando empezamos a hablar todos los días. O cuando me miraba de una manera imposible de ignorar.
Y después de vueltas, de un "no" de su parte, de un "no" de la mía, cuando todo parecía avanzar dulce y amablemente, el pánico se apoderó de mí porque, me di cuenta cuando una amiga me llamó para contarme de una traición de su novio, que "eso", ese sentimiento de desesperación y dolor, eso que cuando estás con alguien pasa, inevitablemente, pero con distinta intensidad -dependiendo del momento y de las causas-... que yo no estaba dispuesta a tolerar "eso". Y que ese domingo, después de ese viernes cuando por primera vez hubo algo del orden del amor, ese domingo cuando no me llamó, ese domingo cuando entendí que con él todo iba a ser así siempre, que esa dosificación en partes iguales de adrenalina y decepción no iba a terminar, ese domingo mientras venía gente a festejar mi cumpleaños con un té con tanta comida de más, ese domingo, mientras oía las conversaciones como mediadas por una pared, a la distancia, ese domingo, con el estómago cerrado, decidí temrinarlo todo.
Ahora puedo extrañarlo, desde la seguridad de mi cama y la certeza de haberme mandado una cagada tal que ya no se me volverá a acercar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




