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viernes, 4 de marzo de 2011

Receta

Pater: ¿Sabés lo que me dijo B. (su psiquiatra)?
Moi: No, ¿qué?
Pater: Que una vez por semana te invite un café para que me hables de literatura

martes, 22 de febrero de 2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Esperando la carroza

2011: el año en el que me recibo. O me suicido.





- Perdón, pá. Es que hoy es el peor día de mi vida.
- ¡Qué bueno! Todos los días son el peor día de mi vida.

domingo, 6 de febrero de 2011

Cosas de la Bi

- No, es que me siento mal.
-¿Qué te pasa?
- Siento como que estoy y no estoy acá.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Súbito resumen de días amorfos que se suceden con rapidez ulcerando mi boca

Muchas cosas. 

Y papá noel es mi mejor amiga cuyo vuelo se atrasa y deja colgando todo el día en espera y simpática ansiedad. Salvo a la noche, entre sueños, cuando soñé que estando juntas la secuestraban y violaban y yo me escondía y me salvaba pero me daba culpa y vergüenza mi ser tan egoísta. Y la culpa, además, era, como siempre, de mi mamá.

Y, aplausos mediante, rendí mi último parcial de Letras en la UBA. Con 10. Tan nerda.

Y con laburo y alumnos particulares vuelvo a la vida consumista y dejo el retiro monacal.

Y el psiquiatra de papá me felicita por haber empezado a pasarle libros a papá, y cree que el que los lea tan entusiasmado es un síntoma (auspicioso). Y es graciosa la vida, y el arte quizás en serio sea medicina, y sin darme cuenta le dí a él un camino, que es el camino que elijo para mi vida.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Don´t hate yourself in the morning, sleep till noon

La realidad pixeleada. Un desayuno en el jardín para empezar el día bien. Y la tele ya fue. 

Todo es tan relativo, tan etéreo, pienso, mientras le doy a pater mi nueva adquisición En viaje de Cané y le prometo para después el Facundo. Vos leélos, después quiero preguntarte cuál es el escritor de los dos. Y él, tan canónico a priori, responde sin dudas "Cané". Leélo, y después me das tu opinión.

El mal reside en aquellas sustancias adictivas como chaman chai de inti zen. Y ahora qué hago con estas ganas de alisarme el pelo para siempre.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Heavy Mental

Es que creo que me cuesta desprenderme de las cosas, pienso mientras en la ducha me paso por el cuerpo los restos de cuatro jabones pegados entre sí.

Salgo de la psicóloga contenta. No sé por qué. Quizás sí, quizás porque pensé que iba a llorar desconsoladamente y no, y me reí mucho.

La desidia: la traba del baño se rompió y nadie parece preocupado por llamar a un cerrajero. Una vez por día alguien queda atrapado ahí como un pseudo minero pero sin interés televisivo.

Buscar trabajo es un trabajo. Si tuviera un salario por hacerlo, me estaría yendo bastante bien.

Puan bastante abandonada salvo los ratos en los que soy poseída por un ratón de biblioteca.

Para terminar este parte médico: les enfants terribles bien, sorpresivamente bien. En la transición a la última parte del año en la que cualquier ser de 5to año pretende no hacer nada, se los nota más calmos, menos revoleo de piñas y más "hagamos que trabajamos pero mientras charlamos". El placer de la conversación y los temas prohibidos va reemplazando al del culo inquieto y la violencia física. Oh, la madurez!

jueves, 1 de julio de 2010

De la inspiración

Dentro de 24 horas entrego una monografía que ni empecé. Hasta hace 2 minutos ni sabía sobre qué trataría. Desesperación y ganas de hacer otra cosa. Una siesta de 11:30 hs a 13 hs ponele. Cualquiera. De repente, la ILUMINACION! Tengo una idea que da. Corro arriba, encuentro el librito de Foucault que me puede servir para citar. Lo abro, una receta del psiquiatra de papá. El universo tiene sentido del humor, no hay dudas. O, va, yo quizás.

El otro día, escuché un comentario de esos reductores y simplificadores de las teorías psicológicas que me pareció encarar el temita ese de la relación padre/hija de un modo asombrosamente nunca imaginado por mí. Nada brillante, sólo "tus relaciones de pareja imitarán de algún modo la que tenés con tu padre". Siempre relacioné ambas, pero nunca se me ocurrió pensarlas tan obviamente miméticas. Sin embargo, me acuerdo de F., y tal cual. A papá lo llevaba al psiquiatra, lo apoyaba en los devenires de su bipolaridad; a F., a la vez, lo alentaba e intentaba arrastrar fuera de toda esa apatía y depresión.

Hoy, peleadísima con pater, lo veo irse al psiquiatra con una de mis hermanas. Corté con F. hará año y medio porque me harté de fumarme la dinámica madre sustituta. ¿Habrá esperanzas de evadir la relación edípica?

e-s-p-e-r-a-n-z-a

miércoles, 12 de mayo de 2010

¿Querés que te cuente el cuento de la buena pipa?

se me ocurren cosas que escribir que cierran pero cuando llego a sentarme a escribirlas, irremediablemente se me van.
volví al mundo de la mañana (mejor denominada "amaña") y, sosteniendo ese umbral de indefinición señalado más arriba, afirmo: me gusta y no me gusta. sostengo, igual, que necesito dormir.
si me dice "está hirviendo el agua" o "está sonando tu celular" una vez más, lo asesino. cual cuento de o´connor. o, en criollo, "a la barreda". lo asesino.

jueves, 6 de mayo de 2010

Oedipus (and to see him made me awful sad)

"...no, no me engancho. le tengo el mismo afecto que tengo por todos los psicóticos parecidos a mi papá."

domingo, 18 de abril de 2010

Yo era una chica asustada.

Es curioso cómo las mismas cosas de mi padre que antes me torturaban, ahora me causan gracia, y quizás hasta me dan placer. Vamos juntos a sacarnos sangre. Mutuamente dependientes: él me necesita para poder salir de casa; yo, porque es inevitable que me baje la presión y tener algún acompañante ayuda a reducir al mínimo mis escenas dramático-histéricas. Salimos. Le pregunto la hora, sonríe y me muestra su muñeca: tiene el reloj puesto, pero está parado. "Estaba viendo si me animaba a ir a la joyería". Vamos, le ordeno. Caminamos dos cuadras y estamos. Papá siempre hizo de todo un ritual. Personalidad obsesiva. Cada lugar al que iba, lo conocían. Para bien o para mal. Entramos en la joyería y al instante lo reconocen y gritan su apellido: tanto tiempo! Le tira un piropo a la señora ya bastante mayor que nos atiende primero, uno de los dueños escucha y viene corriendo de atrás a saludarlo. Papá me lo presenta, el hombre me saluda con una gran sonrisa y me dice: "¡tu papá trató de pisarme con el auto una vez!"* Lo dice con cariño, con cierta admiración rara. No me sorpende, le digo, y me rio. Después llega el otro dueño. Éste saca un cajón, revuelve, y encuentra un reloj en un sobre con el nombre de papá. Tomá. Lo vi el otro día. Papá le pregunta "¿cómo salió la operación?" El otro duda, recuerda, dice bien.
- ¿Hace cuánto tiempo les dejaste el reloj papá?
- Y... él se estaba por operar... eso fue hace cinco años, así que hará un poco más.
Es muy chocante ver a papá, encerrado en casa el 99% del tiempo desde hace más de cinco años, interactuar con gente. Me descoloca ver resurgir esa faceta ya muerta en él, el small talk, su simpatía extraña. Es raro porque antes él era así. O, al menos, yo pensaba que él era así. Y ahora sé que esos cinco minutos de interaccion cuasi-normal requieren de un esfuerzo enorme para él, implican un gran sufrimiento. Es raro porque parece al revés.
Vamos a la farmacia. Nos traen la mitad del arsenal que consume, y mientras el farmacéutico busca el resto, papá disimuladamente agarra una cajita, saca una pastilla del blister y la pone en su boca. ¡¿Papá que haces?! ¡Pareces un adicto al crack! Se ríe, con una mueca medio rara, como un bebé que hace fuerza para cagar. ¿Estás intentando tragarla? Y me hace reír aún más mientras asiente con la cabeza.
* Su comentario me hizo recordar esa vieja costumbre de papá. El mismo solía, al encontrarse en la calle con algún conocido, tirarle encima con extremada violencia el auto. El otro, si sobrevivía al susto, con el auto a medio centímetro de su cuerpo, levantaba la vista para ver la cara excitada de papá y su sonrisa que daba miedo y, muchas veces lo maldecía. Algunos notaban que algo andaba mal, y de ahí en más lo rehuían. Otros, como el joyero, se involucraban en una relación intensa (como todas las de papá) que incluía papelones de todo tipo, desapariciones súbitas y prolongadas, reapariciones, peleas y gastos excesivos.
Es raro. Porque ahora me parace una anécdota graciosa. Y papá, un personaje muy simpático. Pero antes, cuando iba en el asiento del acompañante, tenía ganas de morirme. O miedo de morirme.
Yo, antes de saber que papá es bipolar, pensaba que estaba mejor. Pero no. Sólo está en una fase depresiva muy aguda y muy larga. Y a papá-que-me-da-miedo hace mucho que no lo veo. Y es un alivio. Pero recién ahora me doy cuenta que algunos destellos suyos, muy apagados, sobreviven; y también, que en algún imprevisto y obtuso sentido, lo extraño. O será que papá-que-me-da-lástima me pone muy triste.
El otro día en terapia le relaté la vez que testifiqué en contra de papá. Mi psicóloga remarcó ese en contra. ¿Vos dijiste algo que no fuera la verdad? ¿No corría riesgo tu vida? Cómo explicas, cómo pones en palabras la diferencia, indecible, entre los hechos y los hechos. Entre la Verdad y la verdad. Entre el libro de texto para psicólogos y vivir una infancia tan de mierda.
Cómo explicás que ninguna alternativa era mejor. Que la vida a veces no tiene un happy ending que te consuele. Que es. Es así. Y ya.

jueves, 4 de marzo de 2010

Patética III

cuando papá me responde que no va a usar la computadora porque va a terminar de ver third watch y yo me alegro porque, entre esperar que el agua hierva para hacer la tarta de zapallo y el mandar CV compulsivamente, se me pasó el capítulo de arrested development y, en su lugar, puedo ver 30 rock en la pc, me encuentro con una revelación profana y patética: crisis mimética, te odio Lacan. el tiempo de la gente desempleada y sin una pc propia con la que escribir todas las monografías que adeuda y/o buscar empleo, se mide por los horarios de la tv. empiezo a sospechar que no sólo estoy perdiendo el tiempo y procrastinando en demasía... empiezo a intuir que me estoy volviendo patética y si bien me he convertido en un ama de casa temporal, con todo el respeto que ese rol se merece, lo triste es que a mí se me queman las empanadas, me olvido de comprar mil cosas en el super, y me resulta imposible mantener el orden en la casa

martes, 2 de marzo de 2010

Breakthrough

Me tranquiliza, por un lado, que el psiquiatra de mi padre tenga en su biblioteca un ejemplar de El Anti-Edipo de Deleuze y Guattari. Me intranquiliza, por otro lado, que parezca aún más desquiciado que mi padre: gajes del oficio, I guess. Como el detective que descubre al asesino porque es el único que sabe realmente ponerse en su lugar, pensar o identificarse con él. Duda: ¿la música clásica ha quedado únicamente restringida a las salas de espera? Por mi parte, no puedo sino asociarla - al menos a la radio Amadeus- a esos recintos. Quizás por eso me perturba un tanto. Demasiados años de escucharla con la función de tapar conversaciones ajenas con psicólogos o psiquiatras. Debe ser. De a poco, creo, me voy depurando de presupuestos positivistas y ya no espero cambiar para mejor. Ni progreso, ni superación. En cambio, mirando hoy la germinación de lentejas que hice en un intento de crear vida para salir del bajón, noto cómo si bien de un lado hay un par que crecieron bastante, también hay muchos brotes que se llenaron de hongos. Y siempre me va a costar todo, especialmente habiendo crecido con padres tan depresivos y desquiciados. Y aunque resista, aunque de las cuatro hermanas sea la única que se negó a tomar antidepresivos durante la adolescencia, aunque tache todos los ítems que componen mis frecuentes listas de asuntos pendientes o to do lists, siempre será un proceso, siempre habrá peros válidos, y siempre existirá una agonía y una lucha interna. Pero, supongo, siempre habrá también algo brotando y algo pudriéndose. Simultáneamente.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Front Row

I know she's blood but you can still turn her away, you don't owe her anything
drama drama drama: el ataque de la donante de un inevitable cromosoma x. deleteá ese melodramático-slash-cursimeloso mail y hope for the best.
I have this overwhelming loss of ambition sin eufemismos autocondescendientes: no estoy buscando laburo. no. y no me pone mal. I’m not mad at you guardian, I’m mad at myself for spending so much time with you and your Jekyll and Hydeness
pater sigue estable. su depresión, sufrimiento e indiferencia se mantienen inmutables ante cualquier tipo de variación espacio-temporal. con una excepción: no le cambies la foto que usa como fondo de pantalla.
Do you go to the dungeon? to find out how to make peace with your days in the dungeon
si en vez de poner libros en placares destinados a guardar ropa, y en vez de poner ropa en una silla, el piso y dos muebles destinados vaya-uno-a-saber-para-qué, quizás ordene mi cuarto, por ende mi mente, ergo: empiece la maratón de lectura que vengo prometiendo - y no realizando- y, con suerte (y algo más de autoestima y algo menos de fobias) este año me reciba. O esté cerca.
not a single regret

viernes, 1 de enero de 2010

Abúlica

No. Ni siquiera podría decir deprimida. Aburrida. Quizás. Resignada (?) Apática...
Ni siquiera me preocupa que mi little sis no haya probado bocado alguno durante las cenas de estas recientes fiestas. Ni siquiera me puso triste la perpetua depresión paterna que lo convierte en un perpetuo indiferente e inmutable ser ante cualquier contexto. Ni siquiera me irritó mi madre, que, en una de sus afamadas actuaciones dramáticas, logró hacer que se suspendiera la cena de fin de año y de despedida de mi laburo, echándome la culpa ante -mis ahora- ex jefes. Nada. Ni siquiera me autocompadecí por no haber salido en año nuevo, ni hoy viernes, ni el fin de semana pasado. Ni siquiera le reproché a mis amigas que no me hayan respondido mi trillado mensaje de feliz año. No. Me pica la crostita de la rodilla y mi bello vello púbico está tan largo que me la paso enrulándolo. Es un vicio. Me duele, por eso, el dedo índice izquierdo. Mañana me depilo, mañana me depilo. No tengo sueño, ni hambre, ni ganas de ver tv, ni de leer más. Necesito vacaciones de mí.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

La extraña de manzanas rojas, con preocupaciones va

Cuando voy al supermercado, las cajeras me reconocen. Lo mismo le pasa a cualquier otra de mis 3 hermanas. Sucede que mi padre come muchas manzanas rojas. Muchísimas. Llenamos 2 ó 3 bolsas al mango una vez por semana. Supongo que tiene que ver con sus manías compulsivas... Quizás solamente le gusten mucho y ya. Las cajeras nos ubican por las ya afamadas bolsas de manzanas rojas: somos "las chicas de las manzanas". Siempre nos comentan que nadie come tantas manzanas rojas como tu papá! Y, la verdad, me parece sumamente simpático este dejo de familiaridad en un contexto tan frío y alienante como una cadena de supermercados. Estoy con el edipo, a pleno...

martes, 15 de diciembre de 2009

¿Sacaste la basura?

Hasta hace dos días, al costado de la viejísima heladera verde de mi cocina, había una bolsa de esas negras de residuos, una bien bien grande, llena de, creo, botellas de plástico. Su finalidad no tenía ningún tinte verde, no se trata de reciclar. Al lado de ella, cajas de pizza de quién sabe cuándo, y cartones varios, muchos con esas manchas de aceite que se les impregnan y restitos de comida que quedaron pegados. Hace poco empezaron a aparecer cucarachas en la cocina, yo les avisé, "laven los platos". Pero no hay caso. Me cuesta mucho desnaturalizar ciertas situaciones cotidianas. Tardo en darme cuenta, todavía, de que las explicaciones de mi padre no tienen sentido. O, siendo acaso benevolente - quizás indulgente-, digamos que sus razonamientos son tan peculiares que sólo él puede seguirlos. Después de lo que entiendo fueron dos meses, me decidí a preguntarle por aquella bolsa que se había instalado tan plácida e inquebrantablemente en nuestra cocina. Me dijo "son botellas". Nada más. Recuerdo que las veces que aplasté alguna y la tiré al tacho, me atajó con urgencia: "no la tires ahí. dejala al costado" Iban, todas, a parar a esa bolsa. Tenemos un repasador con un calendario. Está medio viejito, pero se la banca. Arriba, en caracteres enormes, dice "1967". En la cocina, además, hay un cajón que únicamente contiene paquetes de cigarrillos vacíos en los que papá suele tirar las colillas de esos tres atados diarios que fuma. El cajón apesta. Cuando mi abuela murió, papá se volvió a instalar en esa casa que era la de su infancia. Nos dio la oportunidad de poder convivir con él (y de, finalmente, escapar de mi madre). Las cajas llenas de papeles inútiles y dios sabe qué que trajo consigo permanecieron en el ambiente más grande de la planta baja por un año. Él no quería que nadie tocara sus cosas. Él, decía, las iba a ordenar. Algún día. Cuando entrabas en casa era lo primero que veías. Un living -comedor enorme, lleno de mierda. Y uno se acostumbra. Pero yo iba a "tener visitas". J., una gran amiga, emigrada a la madre patria, volvía por unos días. y yo me moría por convivir con ella. Le dije a papá con anticipación. Le dí dos meses. Pero las cajas seguían. J. llegaba un lunes. El viernes lo amenacé. Él pareció entender. El domingo por la noche, lo confronté por veinteava vez durante ese fin de semana. Como todas, me respondió: "en un ratito". Cuando, de noche, ya no había más ratitos, me enojé. Mucho. Pero él tuvo que admitir: "no puedo". - ¡¿No podés mover unas cajas del living al garage aunque sea?! - No, no puedo. Me miró de una manera. No se puede describir. Cuando me enteré de que mi padre era (es) bipolar fue, a la vez, un alivio: al fin las cosas tenían una explicación; pero, también, una angustia aguda, y sentir que tenía que volver a aprender TODO. Que ahora no me podía enojar con él, que debía perdonarle los golpes pasados, las negligencias de siempre, las perversiones. Hace poco noté un "síntoma" (¿con o sin comillas? en esa decisión se cifra un posicionamiento tan fuerte, que prefiero ni pensarlo). Ya había entendido hace mucho que él posee problemas para articular un discurso: cuando está deprimido, le cuesta mucho hablar, hilar frases, terminar oraciones. Cuando está maníaco, el discurso prolifera de modo inagotable. Es frenético, caótico. Vanguardista diría. Es como un potus chomskyano que no para de crecer, que se ramifica hacia cualquier parte. Pero ahora noté que esa dificultad organizativa también se traduce en términos espaciales: el caos debe reinar por todas partes. El cajón de cubiertos tiene, sabemos todos, por practicidad, tres divisiones. Papá las emplea de modo particular: cuchillos (serrucho, esos que se acaban en seguida y de untar), tenedores, y cucharas sopera CON cuchillos sin filo. Encontrar algo para cortar es un quilombo. Papá no puede desechar nada. Y no lo hace con un afán previsor. No lo hace y ya. Mi casa está llena de cosas obsoletas. El otro día mi hermana me comentó que había encontrado cuatro cajas de verdulería y un neumático en la galería: pero no tenemos ni parilla ni auto. Mi casa está llena de cajas, parece que alguien se acaba de mudar. Y mi abuela se murió en el 2003. Siete años. Me cuesta mucho desnaturalizar ciertas situaciones cotidianas. Pero el otro día me dí cuenta de que no tengo por qué aceptar fantasmas ajenos. - ¿Sacaste la basura? - No. - Dejá, la saco yo. ---------------------------------------------------------------------------------- Ayer soñé con mi psicóloga. Falté a la última sesión y prometí llamarla durante el día pero se me pasó. A mi inconsciente, evidentemente no. Hoy fui a terapia y le comenté que había soñado con ella. Me hizo desarrollar. Le dije que estábamos en una casa y yo notaba que ella también juntaba bolsas con basura y no las tiraba más. Ella no veía nada malo, pero yo le advertía. Antes, le comenté la idea de mi último post: en terapia no paro de hablar de papá, en mi blog de mi ex. Su lectura fue que si por un tiempo yo debía llevar las bolsas de basura a terapia, eso estaba bien. Creo que la idea es que hay que sacar la basura para hacer lugar. Quizás, por abajo, detrás de tanta mierda, encuentre algo mío.
Aunque sea, al menos, una botellita de 600.

domingo, 25 de octubre de 2009

Fin de Semana

una tristeza infinita que no proviene de ningún lugar definido unas ganas de llorar horribles, y esa sensación de no saber muy bien qué hacer con una misma, dónde meterse para dejar de sufrir un rato terminar rogándole a tu padre depresivo - diez veces habrá salido de casa, este año- que te acompañe a "dar una vuelta" (nada más triste que el concepto de "dar una vuelta") lavar la ropa, hasta ordenar tu cuarto, incluso pasar la aspiradora por esos rinconcitos que se limpian únicamente en casos de inestabilidad emocional grave romper la dieta a razón de 5 ó 6 veces diarias tener paja hasta de hacerse una paja rechazar invitaciones de toda calaña porque movilizarse más de 5 cuadras es considerado una hazaña dejar que mi hermana me abrace extrañar a mi ex. no, extrañar ser abrazada, sentirme querida. - bueno nena, quizás estés más predispuesta el próximo finde - más predispuesta, o menos indispuesta

jueves, 24 de septiembre de 2009

la nada existencial (o cómo sobrevivir la época post-final)

Rendí ayer, sufrí mucho antes, me fue bien... Obviamente, me vino el día ANTES de rendir. Y no fue un mes usual: dejé las pastillas anticonceptivas el mes anterior... así que fue una lluvia, digo, tormenta, de emociones (y de dolor... intenso, intenso dolor.) ¿Y ahora? Hoy podía: a) empezar a leer algo para el parcial domiciliario que debo entregar el viernes que viene. (claramente, mi cerebro y voluntad quemadas descartaron de plano esta idea) b) disfrutar de la vida. (pero... ¿qué vida?) c) acompañar a papá al psiquiatra: triste... pero fue la opción elegida. Luego de que cada minuto de tu existencia tenga un propósito, una vez que éste desaparece, se hace presente una especie de angustia... de melancolía... de crisis ¿Para qué gasté tanta energía, tiempo, neuronas, en algo que claramente no vale la pena? Pero más importante aún: ¿en qué debería estar gastando/invirtiendo mi tiempo? NO qué feo pensarlo en términos económicos... de todos modos, sí... es evidente que no me copa mi vida Necesito tener sexo. Engordé 3 kilos estudiando para este final... es increíble que mi angustia sea tan manifiestamente ORAL papá dejó de tomar sus medicamentos AGAIN me siento bastante sola: últimamente, hacer algo con alguien implica que yo sea el "sujeto proponedor" (y encima, remarla bastante) Me harté, no propongo más. Qué me importa ir al cine y a ver a depeche sola... me soba... me soba pero, curioso, hoy - en la muy deprimente sala de espera del psiquiatra- no me dieron ganas de llorar por no estar hablando por tel con mi ex: cada vez que iba, lo llamaba y me entretenía, me acompañaba, no se... cuando corté, la primera vez que fui fue muy raro: como un túnel del tiempo, sentí que era lo natural llamarlo. cómo lloré. pero hoy no. a veces pienso que es triste que un par de medias me haya durado más que la relación que tuve con mi ex se hace de noche y tengo ganas de festejar. pero ya recibí una negativa y una no respuesta. creo que sale whisky -o rivotril- y a dormir. "take me out tonight... I never, never want to go home, because I haven´t got one, anymore"

jueves, 30 de julio de 2009

AGOSTO

¿Cómo ahuyentar las previsibles identificaciones imaginarias ante una obra que no trata sino de una familia patológica? SOY MERCEDES MORÁN. Ese es -y será- EL drama de mi vida. Sí, sí, sí: Sres. Psicoanalistas, debo "despegarme de mi familia", "hacer mi propia historia", bla bla bla. Eso es lo maravilloso de esta obra: presenta una mirada lúcida, que identifica la figura del perturbado (brillante actuación de normita), con la figura "del que se hace cargo" - se hace cargo de encauzar la locura del otro (mercedes morán, una genia)-. El primer acto cierra con una escena violenta que impele a la hermana mayor, esa que había logrado irse, a volver, asumiendo a gritos "ahora estoy a cargo YO". Pero la obra termina cuando su propio desmoronamiento se vuelve patente: tampoco ella puede sostener la familia que había conformado, ésta ha huido despavorida; ella también pasa sus días en bata, consumida por un delirio violento, tan fuera de sí como su madre. Yo soy otro: YO DEVENGO EL LOCO. La reciprocidad y la imposibilidad de tomar distancia una de otra evidencian una estructura enferma que ha coagulado ya de modo irreversible. Ninguna puede salir de la posición estructural que ha asumido. Lo intentaron, y lo intentarán: y aunque el horror las separe al final, la obra se encarga de insistir -torturantemente- en esa imposibilidad. Ése es el karma de la hermana mayor: la que todos saben "preferida" de sus padres, esos seres enfermos y enfermantes, la misma a la que pedirán ayuda y enfrente de la cual montarán sus más impresionantes escenas de desesperación y mortificación para que ella LOS SALVE.
YO NO QUIERO TENER HIJOS; PARA HIJOS, YA TENGO A MIS PADRES.